En esta obra cautivadora, colores, formas y símbolos parecen disputarse el protagonismo. Los tonos, intensos y sin concesiones, se presentan en su estado más puro, sorprendiendo por combinaciones tan atrevidas como armónicas: el naranja y el amarillo que construyen el cabello y la sombra; el blanco roto y el rosa que modelan el rostro y la mano; el azul y el morado que envuelven el fondo; y ese negro profundo, absorbente, que define el cuello, el tronco y los círculos que orbitan alrededor de la figura. Casamiento , perteneciente a la Serie Círculos , irrumpe con un lenguaje de formas perfectamente ensambladas que transmiten una emoción compleja: alegría e ilusión entrelazadas con una chispa de sorpresa y un leve temblor de miedo, como si la protagonista temiera despertar de un sueño embriagador. Natalia.
En este cuadro aparece una figura frontal, casi totémica, construida a partir de formas simples y contornos gruesos en tonos violáceos que delimitan cada fragmento del cuerpo. La composición recuerda a un mosaico o a una vidriera, donde cada pieza encaja con precisión dentro de una estructura rígida pero expresiva. El rostro, esquematizado y de mirada vacía, transmite una sensación de distancia, como si la figura estuviera absorta en sí misma o en un tiempo suspendido. El color es protagonista: amarillos intensos dominan el fondo, evocando la luz cálida y envolvente del sol, mientras que rojos, rosas y marrones articulan la figura, aportando densidad y contraste. Los elementos laterales, como el círculo rojo o las formas segmentadas, sugieren referencias culturales o arquitectónicas, quizá ecos de la ciudad. Natalia.