En “La chica en camiseta verde” se presenta una figura femenina frontal. El estilo es expresivo y directo, cercano a una figuración espontánea. Las pinceladas son amplias, visibles y decididas; el trazo no se oculta, al contrario, construye el volumen mediante superposiciones rápidas y gestuales. La aplicación del color resulta audaz: el verde vibrante de la camiseta contrasta con el fondo rosa saturado, generando un fuerte impacto cromático. Los tonos violáceos en el cabello y las sombras aportan matices fríos que equilibran la composición. El blanco del rostro y el pantalón suaviza la escena, mientras las transparencias y arrastres de pintura refuerzan la sensación de inmediatez y frescura. Natalia.
Con solo tres colores y una profusión de líneas —rectas y curvas— se construye este cuadro abstracto y estilizado titulado “¡Atento, amor!” . La economía cromática potencia el protagonismo del trazo, que delimita volúmenes y sugiere profundidad mediante ritmos paralelos y contornos precisos. En primer plano observamos a un hombre situado ante un obstáculo que podría interpretarse como una puerta cerrada o una pared. Luce un corte de pelo elegante y una nariz prominente; lleva gafas y destaca, sobre todo, su boca, compuesta por círculos concéntricos que evocan un efecto hipnótico. Tras él aparece la figura femenina, con cuatro ojos abiertos de par en par y rodeada por un halo de signos de exclamación. Este recurso gráfico intensifica la sensación de alerta: parece susurrarle algo urgente al oído. Ambos visten con elegancia y cuidado, convertidos en protagonistas de esta enigmática escena cargada de tensión contenida. Natalia.