El cuadro El sacerdote del dios del cielo y de la lluvia se construye a partir de una aplicación de color directa, intuitiva y expresiva. Predominan los azules y violetas en el rostro y el entorno, en fuerte contraste con los rojos y naranjas del cuerpo, generando una tensión visual que refuerza su carácter simbólico. Las pinceladas son largas, verticales y visibles, dejando huella del gesto del artista y aportando ritmo a la composición. El rostro, esquemático pero intenso, transmite solemnidad y una cierta mística arcaica; la boca abierta y los ojos simplificados sugieren invocación o canto ritual. Los brazos elevados, resueltos con trazos enérgicos, refuerzan la idea de súplica y conexión con lo divino, evocando movimiento y fuerza espiritual. Natalia.
Del contraste de formas y colores elegantes nace este cuadro, Lea , una obra donde la figura femenina se construye a partir de pinceladas visibles, decididas y deliberadamente no uniformes. La composición representa a una mujer bella y serena, de largo y denso cabello negro, que enmarca el rostro y actúa como masa oscura de equilibrio frente al fondo luminoso. Viste un elegante vestido de noche azul, resuelto mediante capas de color aplicadas con trazos amplios y ligeramente superpuestos. La mujer esboza una sonrisa leve, contenida, mientras saluda con la mano derecha, de la que cuelga un chal ligero apenas sugerido, más insinuado por el gesto que por la forma. Las pinceladas, en ocasiones gruesas y pastosas, en otras más diluidas, crean reflejos inesperados sobre la piel y el vestido, especialmente en los tonos turquesa y blancos, que aportan sensación de luz y movimiento. Natalia.