Marta Miró García, investigadora especializada en el vínculo entre creación y malestar, presentó a las tres jóvenes y talentosas artistas —Manuela María Popescu, M. Dolores Ballestar Cabezuelo y Nazareth Sira Bracho—, quienes han logrado captar la atención del público con esta extraordiaria muestra conjunta. Raíces de Azogue se ha concibido como un espacio de tránsito entre lo visible y lo oculto, donde el espejo deja de ser un objeto para convertirse en símbolo: superficie de proyección, umbral de conciencia y dispositivo de revelación. En torno a él, la exposición despliega una reflexión sobre la mirada —propia y ajena—, la dualidad de la identidad y la naturaleza inestable de la verdad. Como el azogue de los espejos antiguos, las obras reunidas poseen una cualidad mutable y ambigua: reflejan, pero también distorsionan; muestran, pero también ocultan. La imagen deja de ser certeza para convertirse en proceso. Las tres artistas entienden la creación como un acto de indagación. En est...
Este cuadro destaca por su composición clara y estructurada, en la que se integran varios elementos de carácter simbólico. Titulado Dos , presenta a dos personajes fácilmente reconocibles: un padre y su hija. Los vínculos entre ambos se sugieren mediante recursos cromáticos, como los mechones de pelo azul o las formas negras que aparecen en sus cuerpos, estableciendo una relación visual directa entre las figuras. Más allá de este primer plano, la composición se amplía. Al fondo, se distinguen formas que podrían insinuar una tercera figura, quizá la de la madre, que parece sostener un número romano II. En un plano aún más lejano, aparece el sol que ilumina la escena. Natalia