Repleto de color intenso y vibrante, este
cuadro nos narra la historia de un niño que descubre el mundo a través de su
bicicleta: Pedro descubriendo el mundo.
Mediante trazos simples y ordenados, el
artista expresa su idea de la libertad de movimiento, la posibilidad de ir
donde uno desee. Los colores aparecen impregnados de fantasía: un sol verde, un
cielo color carne, campos verdes, tierra roja, cielo y mar azules.
La unión de Pedro con la naturaleza se sugiere
a través de los tonos que viste —verde, rojo y azul— integrándolo
cromáticamente en el entorno que explora.
Como es habitual en la obra del artista, las
manos adquieren un protagonismo especial: establecen un gesto de saludo cercano,
invitando al espectador a compartir el viaje.

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