Ficha técnica Título: Espera Serie: Círculos Autor: Iñaki Horta Ciriza Año: 2026 Técnica: Acrílico sobre tela Medidas: 60 × 90 cm Estado: Obra disponible En la ciudad de las Puertas Redondas no había relojes. Nadie sabía cuánto duraba una hora ni cuándo terminaba una tarde. En las paredes de la estación colgaban grandes círculos morados, y cada uno se abría únicamente cuando llegaba el momento exacto. Nara llevaba tres días sentada frente al círculo más grande. Su abuela le había contado que, detrás de aquella puerta, aparecía todo lo que una persona había perdido por culpa de las prisas. A su lado esperaba Oren, un hombre alto que deseaba recuperar una palabra que nunca llegó a pronunciar. Un poco más atrás permanecía Ivo, con un pequeño equipaje. Él decía que había perdido un camino, aunque no recordaba hacia dónde conducía. —¿Cómo sabremos que ha llegado el momento? —preguntó Nara. —El círculo cambiará de color —respondió Oren. —O quizá desaparecerá —añadi...
El monstruo tranquilo, es el nombre que le puso Iñaki
a su obra.
El único protagonista es él, un animal con la cara humanizada. Se parece más a un toro, que a cualquier otro ser. Está tumbado, descansando. Pero la expresión de su cara confunde, parece que está dolorido, o enseña los dientes como señal de advertencia.
En este dibujo, como en algunos otros, se puede observar como el autor plasma una cualidad de un cuerpo u objeto a cierta distancia, llevando al nivel subconsciente su intención comunicativa. En este caso, el aspecto de la bestia y la combinación de colores elegidos nos llevan a pensar en un demonio en el infierno. La combinación intensa entre el rojo y amarillo es propia del fuego y reclama protagonismo en esta obra.
Las antenas en las puntas de sus orejas superan la función de un elemento puramente decorativo y sugieren que el animal tiene una conexión con el más allá.
Y el toque de verde, de sombra debajo del monstruo, se presenta como un intento apaciguador y tranquilizante.
El autor usa principalmente las líneas curvas, exagerando algunas de ellas, despreocupado por reflejar la realidad, a veces se aleja de las proporciones y la perspectiva esperadas, e invita nuestra mente añadir los elementos que echa en falta.
Este dibujo se ha ejecutado en varias fases: primero se ha elaborado el croquis que posteriormente se amplió y se coloreó. Si comparamos el dibujo final con su fase inicial podemos observar cómo han aparecido muchos elementos decorativos en bolígrafo azul: los ojos, los dientes, el hombro izquierdo y otras líneas y círculos.
Me gustaría encontrar algún día la respuesta a la pregunta si la cara de animal se dibujó de esta forma intencionadamente, o esta opción surgió a nivel subconsciente.
Posiblemente, el autor quiere invitarnos a pensar sobre nuestra relación con la naturaleza.
El único protagonista es él, un animal con la cara humanizada. Se parece más a un toro, que a cualquier otro ser. Está tumbado, descansando. Pero la expresión de su cara confunde, parece que está dolorido, o enseña los dientes como señal de advertencia.
En este dibujo, como en algunos otros, se puede observar como el autor plasma una cualidad de un cuerpo u objeto a cierta distancia, llevando al nivel subconsciente su intención comunicativa. En este caso, el aspecto de la bestia y la combinación de colores elegidos nos llevan a pensar en un demonio en el infierno. La combinación intensa entre el rojo y amarillo es propia del fuego y reclama protagonismo en esta obra.
Las antenas en las puntas de sus orejas superan la función de un elemento puramente decorativo y sugieren que el animal tiene una conexión con el más allá.
Y el toque de verde, de sombra debajo del monstruo, se presenta como un intento apaciguador y tranquilizante.
El autor usa principalmente las líneas curvas, exagerando algunas de ellas, despreocupado por reflejar la realidad, a veces se aleja de las proporciones y la perspectiva esperadas, e invita nuestra mente añadir los elementos que echa en falta.
Este dibujo se ha ejecutado en varias fases: primero se ha elaborado el croquis que posteriormente se amplió y se coloreó. Si comparamos el dibujo final con su fase inicial podemos observar cómo han aparecido muchos elementos decorativos en bolígrafo azul: los ojos, los dientes, el hombro izquierdo y otras líneas y círculos.
Me gustaría encontrar algún día la respuesta a la pregunta si la cara de animal se dibujó de esta forma intencionadamente, o esta opción surgió a nivel subconsciente.
Posiblemente, el autor quiere invitarnos a pensar sobre nuestra relación con la naturaleza.
Humanizar a los animales nos ayudaría quizás a empatizar y verlos
como iguales en el derecho de vivir y disfrutar de un medio ambiente sano. Y no
solo como comida, elementos de artículos de moda u objeto de ensayos.
Son una parte importante del mundo en que vivimos, comparten el espacio con nosotros y muchas veces lo enriquecen y aportan calidad a nuestra vida. Basta solo imaginar un parque sin los cantos de los pájaros, los veranos sin los sonidos de los grillos y las cigarras, o las primaveras sin el zumbido de las abejas y revoloteo de las mariposas. Impensable. Insostenible.
Nos asusta lo desconocido. Miremos, entonces, con la curiosidad, empatía y el respeto. Y quizás, en vez del morro veremos una cara, en vez de un rictus una sonrisa.
Natalia.


El dibujo invita a una reflexión profunda.
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