Los bigotes
La siguiente obra está hecha con lápices y ceras de color, así como rotulador sobre papel. Con pocas excepciones predominan las líneas orgánicas. Se observan las formas grandes, especialmente en la parte central de la obra, que representa la composición triangular invertida, la cabeza.
El fondo de la obra es azul oscuro, siendo esta parte la única hecha con rotulador. Los trazos de este son verticales y horizontales, esta decisión artística le da personalidad a la obra.
La cabeza del
hombre es calva, y su forma recuerda una bombilla. Dos ojos anaranjados, del
mismo color que su piel, están dibujados con formas irregulares, siendo más
estrechas en la parte interior. Las pupilas de los ojos están hechas con dos X
(equis), posiblemente indicando que está muerto. Sus globos oculares tienen
manchas rosadas, también de formas irregulares, probablemente simulando sus
párpados. Por encima de sus ojos se encuentran las cejas negras, estas siendo
muy gruesas y más alargadas que los ojos, con una forma irregular, asemejándose
a unos rayos en horizontal. La nariz es gruesa, con tonos claros a su alrededor
e interior, son reflejos de luz. Bajo dicha nariz se encuentra un bigote bien
poblado y grueso, de color negro, pero con una mancha verde. La boca está
compuesta por dos grandes y gruesos labios rosados. Estos labios se asemejan a
dos salchichas, dando a entender que están hinchados. Bajo los labios se observa
una perilla negra de forma de una estrella. Finalmente, a los lados de la
cabeza hay unos brazos, en forma de alas de murciélago.
Valoración
personal: La obra me transmite mucha personalidad, y, a decir verdad, escogí
esta obra ya que me recuerda a un personaje de Toy Story, el Señor Patata. Su
mirada fija hacia el espectador da escalofríos, probablemente otra razón por la
que elegí comentar esta obra.
Me imagino un
hombre de oficina, probablemente un reportero, escribiendo para un periódico,
delante del ordenador todo el día, para poder hacer un artículo que salga en la
primera página. Así su mujer se sentiría orgullosa, piensa él.
Cuando es hora de
volver a casa, coge su gabardina y su sombrero, que llevan con él desde que empezó
a trabajar hace ya 22 años, ahora tiene 46. Vuelve a casa en tren, ya que se
preocupa mucho por el medio ambiente.
Ya ha llegado, su
mujer le está esperando, junto al perro, en el sofá. La puerta se abre…
David
El revés del dibujo
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