Elisa es un cuadro que muestra a una joven representada en el estilo característico de Iñaki: una paleta de pocos colores, contrastes marcados y formas que vibran entre sí. Los colores parecen jugar y desplazarse libremente, saltando de un rincón a otro de la obra sin la intención de imitar la realidad. Las formas, sin una cohesión estricta, parecen suspendidas en un movimiento continuo, como si aún buscaran su lugar definitivo.
El rostro es la zona donde el artista ha
depositado más tiempo y capas de pintura; en él se perciben matices que aportan
ternura y sensibilidad a la figura, en contraste con el resto de los elementos
del cuadro, extendidos con gestos más rápidos y decididos: los dedos, el fondo
lila, los amarillos que acompañan la composición.
Natalia.

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