En este cuadro vibrante, donde el negro, el
rojo y el naranja se imponen, se transmite una intensa sensación de presión y
ansiedad en la que muchos podemos reconocernos.
Es fácilmente identificable el juego
característico de Iñaki con el color: tonos inesperados que alteran la lógica
visual, como el azul aplicado a la piel o el rojo al cabello, así como la
inversión cromática de los objetos- una taza negra que contiene un café rojo.
Con un poco de imaginación, se adivina un
ordenador portátil visto de perfil, cuya luz naranja y azul se proyecta sobre
el hombre y se expande más allá, envolviendo la escena.
El rostro expectante y el gesto contenido de
la mano, a punto de entrar en contacto con la taza caliente, parecen llenar la
noche de un susurro reconfortante: “bendito café”.
Natalia.

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