En medio de un mundo agitado, inmerso en la vorágine de días que se suceden sin pausa, aparece una figura que parece regular el tráfico de la vida: alto, continúe por la derecha. Con un gesto simple, casi simbólico, parece ordenar el caos que la rodea.
Ojalá fuera tan sencillo detener el tiempo y
redirigir el curso de la vida hacia donde deseamos. Sin embargo, quizá no sea
una idea tan descabellada: a veces, querer también es poder.
Todo empieza por uno mismo. Por reducir el
ritmo de las actividades diarias y encontrar un pequeño espacio para el
silencio: el silencio del trabajo, de las preocupaciones, de la televisión,
incluso de las voces que nos rodean. En ese silencio es posible escuchar el
latido del propio corazón y el ritmo de la respiración, dejando que la mente se
libere y viaje lejos, sobrevolando cielos, bosques y mares.
Y cuando regrese, que sea para guiarnos, con
calma, hacia el lugar donde realmente queremos estar.
Natalia.
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