En este cuadro podemos observar a Malena. Su
cabeza descansa tranquilamente sobre su mano, en una postura sencilla y
estable. La expresión de su rostro es tranquila, y su mirada parece fijarse en
el horizonte.
Los colores se entrelazan creando un juego de
luces y sombras, con grandes superficies y pocos detalles que refuerzan la
composición. Bajo la pintura se entrevén líneas de lápiz y bolígrafo: algunas
acompañan las capas de color y otras quedan parcialmente ocultas.
Los colores se superponen y se mezclan, como
los pensamientos que invaden a la protagonista, generando una composición
dinámica. Mientras tanto, Malena permanece impasible, con la mirada dirigida
hacia ese horizonte donde todo parece converger.
Natalia.
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