En este intenso cuadro observamos a una joven en una postura relajada y serena, mostrando su larga cabellera mientras parece pronunciar unas palabras sin prisa.
La figura, construida mediante formas simples y contornos marcados, transmite quietud y presencia. La combinación de colores sólidos e intensos evoca la atmósfera del atardecer, tiñendo la escena de amarillos luminosos, rojos profundos, marrones cálidos y negros densos. Entre todos ellos permanece el lila, color que envuelve a Lila y le otorga una identidad propia.
Ese lila simboliza una belleza que parece escapar al paso del tiempo: permanece intacta, tranquila y silenciosa, ajena al movimiento fugaz de la luz y de las horas del día.
Natalia.

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