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Bartolomeo de Iñaki Horta Ciriza. Serie Difuminado.

 

Bartolomeo, retrato contemporáneo de Iñaki Horta Ciriza: figura masculina sentada pintada con colores puros —naranja, azul, negro, granate— sobre fondo amarillo con bandas marrones, contornos gruesos y pincelada visible. Serie Difuminado, 2026.
Título: Bartolomeo
Serie: Difuminado
Autor: Iñaki Horta Ciriza
Técnica: Acrílico sobre tela
Medidas: 60 × 90 cm
Año: 2026
Estado: Disponible

Bartolomeo, retrato contemporáneo original de Iñaki Horta Ciriza, pertenece a la serie Difuminado.

Miremos cómo empieza todo. Un contorno oscuro, grueso, decidido, recorre la figura de arriba abajo: dibuja la caída del pelo, el óvalo del rostro, la nariz que baja recta como una viga. Dentro de ese andamiaje, el color se instala en bloques: el naranja cálido de la piel, el azul intenso que le rodea el cuello como una bufanda, el negro y el granate del cuerpo, el marrón terroso del brazo que descansa. Cada color ocupa su sitio y casi nunca invade el del vecino. A veces se rozan, a veces se superponen apenas, pero conservan su voz propia. Esa convivencia de colores puros, uno al lado del otro, es la firma de todo el trabajo del artista, y en Bartolomeo se ve con una claridad ejemplar.

En esta pintura contemporánea no hay veladuras que escondan el proceso. La brocha ha dejado su rastro en cada zona: se percibe la dirección del trazo en el fondo amarillo que enmarca la figura, en las bandas marrones verticales que la flanquean como el vano de una puerta, en la mano grande —desproporcionada, honesta— que reposa en primer plano con los dedos perfilados uno a uno. Incluso hay un toque de violeta bajo esa mano, una nota breve que rompe la lógica y la enriquece. El gesto del pintor es aquí parte del retrato: Bartolomeo existe porque alguien lo pintó deprisa y con convicción, y esa energía sigue viva en la superficie de la obra.

Bartolomeo mira de frente, serio, con la boca cerrada y los ojos atentos. Sentado entre el amarillo luminoso y los marrones que lo encuadran, tiene algo de figura que espera en un umbral. Es una obra única que no decora: acompaña. En una pared, esta pieza figurativa de formato vertical impone una presencia humana, cercana y un punto enigmática, de esas que cambian según la luz del día y el ánimo de quien la mira.

Si quieres conocer la historia de esta pieza y de la serie Difuminado, escríbeme y te la cuento con calma.

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