Celia, serie Portales se presenta como una figura contenida en un umbral pictórico, donde el cuerpo y el espacio dialogan desde la tensión y la vulnerabilidad. La obra transmite una fragilidad consciente: el cuerpo se repliega sobre sí mismo, encogiéndose no solo como gesto de protección, sino también como una preparación silenciosa para el impulso posterior, como si esa contracción fuese el paso previo a atravesar el portal que la enmarca.
El color se aplica de manera fragmentada,
dividiendo el cuerpo en zonas cromáticas diferenciadas que refuerzan la asimetría.
Esta asimetría se ve reforzada por un juego original entre luz y sombra, no
basado en una fuente lumínica naturalista, sino en el contraste de colores
claros y oscuros. La luz parece emerger desde el propio color, mientras que la
sombra no oscurece, sino que densifica.
La paleta es rica y contrastada, dominada por
azules intensos en el fondo, que envuelven la figura y generan una atmósfera
fría y envolvente, casi líquida. Frente a ellos, aparecen ocres y amarillos en
el marco, que actúan como un portal cálido. En el cuerpo, verdes, rosas,
marrones y violetas conviven sin jerarquía.
Natalia.

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