El cuadro El sacerdote del dios del cielo y de la lluvia se construye a partir de una aplicación de color directa, intuitiva y expresiva.
Predominan los azules y violetas en el rostro y el entorno, en fuerte contraste con los rojos y naranjas del cuerpo, generando una tensión visual que refuerza su carácter simbólico.
Las pinceladas son largas, verticales y visibles, dejando huella del gesto del artista y aportando ritmo a la composición. El rostro, esquemático pero intenso, transmite solemnidad y una cierta mística arcaica; la boca abierta y los ojos simplificados sugieren invocación o canto ritual.
Los brazos elevados, resueltos con trazos enérgicos, refuerzan la idea de súplica y conexión con lo divino, evocando movimiento y fuerza espiritual.
Natalia.

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