Del contraste de formas y colores elegantes nace este cuadro, Lea , una obra donde la figura femenina se construye a partir de pinceladas visibles, decididas y deliberadamente no uniformes. La composición representa a una mujer bella y serena, de largo y denso cabello negro, que enmarca el rostro y actúa como masa oscura de equilibrio frente al fondo luminoso. Viste un elegante vestido de noche azul, resuelto mediante capas de color aplicadas con trazos amplios y ligeramente superpuestos. La mujer esboza una sonrisa leve, contenida, mientras saluda con la mano derecha, de la que cuelga un chal ligero apenas sugerido, más insinuado por el gesto que por la forma. Las pinceladas, en ocasiones gruesas y pastosas, en otras más diluidas, crean reflejos inesperados sobre la piel y el vestido, especialmente en los tonos turquesa y blancos, que aportan sensación de luz y movimiento. Natalia.
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