Con solo tres colores y una profusión de
líneas —rectas y curvas— se construye este cuadro abstracto y estilizado
titulado “¡Atento, amor!”. La economía cromática potencia el
protagonismo del trazo, que delimita volúmenes y sugiere profundidad mediante
ritmos paralelos y contornos precisos.
En primer plano observamos a un hombre situado
ante un obstáculo que podría interpretarse como una puerta cerrada o una pared.
Luce un corte de pelo elegante y una nariz prominente; lleva gafas y destaca,
sobre todo, su boca, compuesta por círculos concéntricos que evocan un efecto
hipnótico.
Tras él aparece la figura femenina, con cuatro
ojos abiertos de par en par y rodeada por un halo de signos de exclamación.
Este recurso gráfico intensifica la sensación de alerta: parece susurrarle algo
urgente al oído.
Ambos visten con elegancia y cuidado, convertidos en protagonistas de esta enigmática escena cargada de tensión contenida.
Natalia.

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