En este cuadro aparece una figura frontal, casi totémica, construida a partir de formas simples y contornos gruesos en tonos violáceos que delimitan cada fragmento del cuerpo. La composición recuerda a un mosaico o a una vidriera, donde cada pieza encaja con precisión dentro de una estructura rígida pero expresiva. El rostro, esquematizado y de mirada vacía, transmite una sensación de distancia, como si la figura estuviera absorta en sí misma o en un tiempo suspendido.
El color es protagonista: amarillos intensos
dominan el fondo, evocando la luz cálida y envolvente del sol, mientras que
rojos, rosas y marrones articulan la figura, aportando densidad y contraste.
Los elementos laterales, como el círculo rojo o las formas segmentadas,
sugieren referencias culturales o arquitectónicas, quizá ecos de la ciudad.
Natalia.

..como símbolo de la eternidad...
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