Miguel es un
retrato construido casi por completo mediante líneas. A diferencia de otras
obras más volumétricas y cromáticas, aquí la figura surge de una red de trazos
que delimitan el rostro y se expanden hacia el fondo como si formaran un
sistema de caminos, conexiones o circuitos. La economía de medios convierte
cada línea en un elemento esencial de la composición.
El rostro ocupa el centro de la imagen y se
presenta fragmentado mediante contornos paralelos y pequeñas marcas repetidas
que recuerdan costuras. Los ojos, de un verde suave, aportan un punto de calma
y humanidad dentro de una estructura dominada por el dibujo lineal. La boca,
cuidadosamente construida mediante sucesivas líneas verticales y horizontales,
se convierte en uno de los focos visuales de la obra.
Natalia.

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